He sospechado alguna vez que la
única cosa sin misterio es la felicidad,
porque se justifica por sí sola.
JLB
No es mi intención, querido lector, aburrirlo con lecciones trilladas sobre el verdadero significado de la navidad, significado que hay que decir es relativo a las creencias individuales. En realidad le escribo esto desde mi cama, luego de haber disfrutado una exquisita cena y su posterior conversación con la familia, en la esperanza de que pueda usted por lo menos entender la mitad de la satisfacción y plenitud que en este momento siento.
No me gusta estarme preguntando por la justificación de mi existencia, mi propósito en esta vida, porque una de las tantas cosas que aprendí este año es que aquello que necesita de una justificación esta implícitamente muerto y yo estoy más vivo que cualquier razón que conozca. Masticaba tal tema durante la cena y entendí que siento felicidad en mi corazón cristiano por el nacimiento de Jesús y que en este momento no es necesaria la música estruendosa, la excesiva compañía, las copas de más ni los malentendidos familiares porque de esos hay todo el año, lo importante es estar platicando con mis papás y mi hermana porque eso no se da todos los días. Y de repente lo entendí, vino a mí y lo asimilé felizmente. Estas cenas y pláticas ocurren regularmente en mi familia, la cena de esta noche fue una repetición de tantas otras en el año que disfruté igual. No siento tristeza por compartir solamente con ellos, por no embriagarme, por no desvelarme o amanecerme porque de eso no se trata la navidad, de eso no se tratan las verdaderas cenas en familia. Todo lo que aprendí durante el año me hizo entender que tener una navidad como ésta con mi familia a estas alturas de mi vida es un hecho casi milagroso y que eso no necesita de justificaciones.
A los ateos nada más les quiero decir que la navidad les da un motivo para abrazar a las personas que quieren y que ya por eso no puede ser nada malo.
Bendiciones.