miércoles, 13 de junio de 2012

Sin remitente.

Antes de dirigirte cualquier otra palabra, me parece que hay que decirte que indiscutiblemente y sin mayores rodeos, todo el mundo te extraña, no hemos encontrado aún ahora una manera que resulte por completo efectiva para remediar el sentimiento de vacío que has dejado, vacío que con el tiempo sólo logra expandirse. Pero no por eso nos ha abandonado la esperanza de que te encuentres bien sin importar el lugar que hayas elegido para asegurarte un buen descanso.
Te puedo contar que sin importar que la luz del sol haya conseguido iluminarnos, que el rocío de la noche haya alegrado al verde de las plantas, que nos encontremos reunidos recordándote, que las mañanas sean blancas y las noches serenas, que el azul del cielo se haya vuelto insoportable de tan vívido, todo, sin excepción alguna parece haber tomado un tono impredecible e inconstante, donde el orden nos ha fallado y el caos supera cualquier cosa establecida. El tiempo se convulsiona en su letargo y el espacio adquiere una intrascendencia irreparable, a tal punto que ya no nos es posible dilucidar el siguiente día.
A decir verdad pareciera que el tiempo se ha convertido en una materia grisácea y densa que no quiere terminar nunca, que todo inunda de manera infalible, un segundo retoma dimensiones y conforma el tiempo dentro del tiempo mismo, un segundo contiene milenios y aún infinitos en sí mismo, los días, eternidad de eternidades, nos hacen actuar de una manera diferente, nos enloquecen a un grado por completo inefable.
El espacio, tu espacio, o el vacío que en él creaste sobrepasa formas, palabras, sonidos, ideas, pensamientos, vidas; ese mismo vacío es abrasante, indecible, cada pequeña, (por mas minúscula que sea) cantidad del aire que inhalamos es insoportable, casi veneno dentro de nosotros, tu vacío nos engulle violentamente oprimiendo el menor intento de ser felices.
Estoy deseando en cada una de los millones de pensamientos diarios saber, buscar y dar con el lugar en el que te has recluido ¿dónde estás y por qué no nos has permitido seguirte hasta ahí?
¿Qué decisión, por quién tomada nos ha prendido en descuido y nos ha traído hasta este paraje lúgubre e incierto?
Desde que comenzó tu ausencia nada ha amainado y nunca amainará la desesperación, el llanto, la impotencia; por favor, te estoy suplicando, te imploro que no nos abandones.

lunes, 11 de junio de 2012

De esperas.


El reloj marca las 10:00 pm, una joven pareja discute porque la bella dependiente de la línea de autobuses les acaba de informar que no hay boletos disponibles, la misma  bella dependiente que ahora los observa pelear. Ya otra pareja no tan joven discute por algo similar –no sabes qué calle es, no sabes si son una cuadra o dos ¡y a estas horas! ¿hay un árbol en la fachada? ¿de qué color es el portón? ¡¿por qué no te fijaste antes de venir a comprar el boleto?!
Un señor pasa limpiando el piso mientras ve a unos y otros, otras tantas personas se distraen  pensando cada cual cuánto ha de esperar y en tanto la bella dependiente informa a viajeros que siguen llegando que tendrán que esperar una hora y media, dos horas, ya no hay salidas…
Llega otra pareja, ésta no viene enfadada y aceptan tranquilamente la espera; una mujer embarazada con un gesto de incomodidad; un niño pregunta con la curiosidad natural y la madre inteligentemente evade la respuesta para no desesperarlo con el tiempo que él aún no sabrá medir; otros más preguntan en otras líneas y regresan con la bella dependiente que les avisará que ahora saldrán media hora más tarde. Un tipo espera con boleto en mano viéndolos a todos y escribiendo en una hoja en blanco: El reloj marca las 10:00 pm…