Hace algunos meses desperté con un sentimiento extraño, aún no sé cómo expresar de forma concreta ese sentimiento, fue como una presencia no física, una idea específica, era como presentir a una persona que no estaba ahí. Esa mañana desperté pensando en Rosa.
Rosa es una señora que en marzo pasado cumplió 29 años sin probar gota de alcohol. ¿Por qué despertar sintiendo la presencia de Rosa? Rosa es, en mis recuerdos de infancia, una señora con una voz potente y ronca con el acento característico de Torreón, Coahuila. En la casa de Rosa me hice (me hizo mi hermano) la cicatriz que tengo arriba del labio superior. En la casa de Rosa siempre había pájaros enjaulados y siempre olía a alpiste.
Mi percepción de Rosa ha cambiado, como han cambiado muchas cosas por la perspectiva que dan algunos años, las pocas veces que la veo siento un gusto indecible, cuando la escucho hablar me siento feliz, cuando está en la tribuna de alcohólicos anónimos no puedo evitar llorar.
Este documento no es uno para difundir el programa de Alcohólicos Anónimos ni mucho menos pero debo hablar sobre ello para que se pueda entender un poco mejor lo que trato de contar. El alcoholismo es una enfermedad crónica, progresiva y mortal, mi padre es un enfermo alcohólico aún cuando tiene 18 años sobrio y será un enfermo alcohólico hasta el día de su muerte. A causa de la enfermedad de mi padre mi familia se "mudó" a vivir a la ciudad de Torreón cuando yo tenía a penas 4 años es decir que mi hermana Bertha tenía 1, Eloy 8 y Chava 7; escribo "mudó" así, entre comillas, porque en realidad sólo hicimos el viaje, no contábamos con muebles ni casa, no teníamos siquiera un peso en la bolsa, habíamos viajado únicamente con la ropa que llevábamos puesta. Rosa nos recibió en su casa sin conocernos, a una familia de 6 personas, la familia de un borracho que lo más probable era que le pagara el gesto con el olvido, personas que era casi seguro que no volvería a ver en su vida.
Rosa asistió, 17 años después, a las bodas de mis hermanos mayores, la más reciente en diciembre, está encorvada y casi no escucha, pero sigue hablando igual y yo siento un profundo agradecimiento cada que la recuerdo.
La acción no es tanto lo que me llama la atención sino el adjetivo que se le puede dar, ella nos recibió desinteresadamente en su casa, así, sin esperar absolutamente nada a cambio, por nada. Aún hoy en la organización de Alcohólicos Anónimos no conozco a alguien que haya hecho lo mismo (ni siquiera a los que más respeto, ni siquiera mi padre) ni de lejos. Lo pienso y lo sigo pensando y no entiendo esa acción, no puedo comprender lo que pasaba por la cabeza de esa mujer en ese momento, hay cosas que escapan a la razón, a la mía por lo menos. Rosa no podría saber que yo asistiría a su 29° aniversario de sobriedad o que ella asistiría a las ya mencionadas bodas, Rosa no podría saber que el origen de mi fe está en su persona, que yo la admiraría como lo hago, que yo le estaría escribiendo esto tantos años después, que una parte importante de lo que soy se debe a ese gesto.
Todo esto me hace pensar que la vida se trata de decir que sí, porque uno no sabe todo lo bueno que ese sí provocará 17 años después.
No hay comentarios:
Publicar un comentario