domingo, 9 de diciembre de 2012

¿Lamentar qué?

Teletón, Juan Manuel Márquez y Jenni Rivera. Bastante información en México para un solo fin de semana, ríos de opiniones sobre temas, unos carentes de valor y otros llenos de morbo.
Ya muchos mexicanos sabemos la tranzota que existe detrás del teletón y hay una cantidad infame de valoraciones sobre el proyecto. Aún existen quienes creen ciegamente que el dueño de la empresa de medios más grande de la América de habla hispana es un angelote y que habrá que canonizarlo cuando muera (¡Dios no permitas que se nos muera San Emilio!) y hay también quien no puede escuchar ni mentar a televisa, azotados a cual más. Existen historias verdaderas de recuperación de niños con discapacidades (discapacidad sí, nada de eufemismos) detrás de toda la lana que se han clavado y ahorrado en impuestos las empresas participantes, pero siempre habrá que recordar que esa recuperación es un derecho y es una obligación del estado, no hay que mendigársela a nadie y mucho menos estar aguantando a la babosa de Lucerito un año más de llanto fingidote. Y aún más tener que tragarse que un tercio de los donativos van de fondos públicos, FaustoVallejoHijodePuta dejando que crezcan los problemas en la UMSNH porque no hay dinero para pagar a maestros y donando 27 millones que ni le pertenecen. El Teletón va más allá de lo maquiavélico, de eso no tengan duda, Emilio Azcárraga Jean heredó de su padre toda la filosofía televisa y eso nunca va a cambiar.

Juan Manuel Márquez es un boxeador fuera de serie y no lo digo porque sepa del deporte, yo solo conozco de deportistas y me remito inmediatamente a Manuel "el Macho" Camacho que fue hace poco asesinado por quién sabe qué problemas con las drogas; luego pienso en uno de sus más grandes rivales en el ring, Julio César Chávez que nada más hay que escucharlo a hablar para saber que no fueron los golpes los que lo dejaron así. Dos de miles de ejemplos posibles y Juanma no es ni de cerca como ellos, sobresale dentro y fuera del ring, dentro, por cosas que en su mayoría ignoro cómo explicar y fuera por asuntos políticos. Ya en la pasada pelea había exhibido un escudo del PRI en su calzoncillo en plena veda electoral y ahora sin empacho le dedica el triunfo (que no, la pelea no estaba vendida, te digo que no, deja esa pinche paranoia) al flamante enrique peña nieto, no le bastó al muy cabrón la bolsa por ganar la pelea. Lo que quiero establecer es que no importa la tendencia política si es un boxeador del tamaño que es (de eso quiero hablar también sobre Jenni Rivera) porque no tiene nada que ver la política con el deporte aunque así se le quiera ligar. Una cosa es la persona y aunque suene raro, otra es el deportista, para ejemplo basta el ignorante de Hugo Sánchez.

Jenni Rivera murió y yo no lo lamento. Es un pérdida fuerte para una familia, una muerte siempre es una experiencia difícil de atravesar, ojalá que sus familiares encuentren consuelo. Es a lo que llego, me identifico con los familiares y nada más. Hablando de su "música" esa mujer era una de tantas cabezas de una deformación y decadencia cultural muy grave en México, hacía en su mayoría apologías (siempre un grado más allá de lo vulgar y del mal gusto) de la infidelidad, cosa que a en lo particular me basta para aborrecer su quehacer. Expuestos como estamos a este bombardeo mediático me fue imposible no enterarme de lo que hacía en el escenario, bañar en cerveza a quien pagó por verla o golpear a alguien con la estúpida razón de que no se iba a dejar de nadie y luego ver que existe quien babeaba por esa actitud y la exaltaba diciendo que era una señorona. Esa mujer hacía música basura, de la que nadie se va a acordar dentro de 100 años, vil música del capitalismo y era un ser humano que llegaba casi a lo despreciable, vulgar como pocas, no había en su conducta ni música algo de ejemplar. Que esté ahora muerta no cambia nada de lo que era.




jueves, 12 de julio de 2012

El río.


Cierto día hace no mucho tiempo un viejo me contó una historia sobre dos amantes.
Se acercó cuando me senté a descansar en una piedra cerca del río y ya desde que lo vi de reojo supe que (quién sabe cómo) había adivinado lo que estaba yo pensando. Caminaba lento y encorvado el señor y lo hacía con una convicción de otros tiempos, sin bastón, como esperando que yo no lo esperara y lo dejara ahí, sin decir palabra. Lo esperé porque me recordó a mi abuelo que siempre tuvo una historia para contar, pero pocas veces tuvo a un nieto dispuesto a escuchar, por eso y porque ya el esfuerzo que estaba haciendo me venía pareciendo excesivo.
Estaba pensando que el lugar que elegí para descansar era cuestión de azar, una piedra de tantas en el mismo río que caminé tantas veces en la infancia. Siendo el lugar bello como era, resultaba lo mismo sentarse sobre una almohada de hojas o de musgo o treparse a un árbol o meter los pies al agua despacito para sentir que la vida valía la pena. Caí en la cuenta que no, mi cuerpo cansado eligió el lugar pero no tuvo la decencia de consultarme antes. Así las cosas.
—Parece que está tratando de decir algo ¿no?
—Siempre parece— le dije —no he conocido río que no murmure.
—Será que cada uno tiene algo distinto que contar.
—Será eso. Pero nunca he sabido de alguien que haya platicado con un río, nomás se quedan ahí esperando que brinque una palabra como brincan los salmones remontando.
—Son pocos los que vienen, menos los que escuchan.
—Siendo así, cuénteme pues.
Él salió de su casa temprano y sin embargo cuando llegó ella ya estaba ahí, tirada a la sombra de un árbol, con el cabello castaño perdido entre las hojas, boca arriba viendo el cielo de cierta manera que parecía que sus ojos eran azules. Dicen que ella veía las cosas así, de forma que cuando tú las veías después ya eran diferentes. Dicen que él le extendió la mano y ella la tomó, se levantó, pero ya no la soltó. Iban a jugar y él propuso el juego: había que cerrar los ojos y caminar por la orilla del río y que el murmullo de este los fuera guiando hasta su hogar. Hubo quien los vio dando trompicones mientras reían  y hubo a quien le pareció un juego absurdo y hasta peligroso.
Cuando cayó la tarde ya nadie sabía en dónde estaban. Los buscaron ya sin esperanza y sin esperanza dejaron de buscar, sin encontrar algo. Se los habrá llevado el río creyeron. Yo entonces era un niño y hasta ahora me pareció absurdo que a nadie se la haya ocurrido hacer lo mismo que ellos, seguir ciegamente el murmullo del río.
—¿Nunca los encontraron? — le pregunté.
—Nunca.
—Es una pena, —respondí francamente desolado —era una gran idea para averiguar lo que dice el río.
—¡Ay hijo! No lo entendiste.
Y se alejó lentamente con una sonrisa leve, así como había llegado. No lo quise detener, porque hay cosas que uno no está preparado para saber, preferí quedarme ahí sentado pensando en lo que no había entendido.
Cuando cayó la tarde y la humedad me despertó, la idea me tomó por sorpresa y no pude más que alejarme lentamente con una sonrisa en el rostro. Lo que este río murmura es un camino de regreso a tu hogar.

miércoles, 13 de junio de 2012

Sin remitente.

Antes de dirigirte cualquier otra palabra, me parece que hay que decirte que indiscutiblemente y sin mayores rodeos, todo el mundo te extraña, no hemos encontrado aún ahora una manera que resulte por completo efectiva para remediar el sentimiento de vacío que has dejado, vacío que con el tiempo sólo logra expandirse. Pero no por eso nos ha abandonado la esperanza de que te encuentres bien sin importar el lugar que hayas elegido para asegurarte un buen descanso.
Te puedo contar que sin importar que la luz del sol haya conseguido iluminarnos, que el rocío de la noche haya alegrado al verde de las plantas, que nos encontremos reunidos recordándote, que las mañanas sean blancas y las noches serenas, que el azul del cielo se haya vuelto insoportable de tan vívido, todo, sin excepción alguna parece haber tomado un tono impredecible e inconstante, donde el orden nos ha fallado y el caos supera cualquier cosa establecida. El tiempo se convulsiona en su letargo y el espacio adquiere una intrascendencia irreparable, a tal punto que ya no nos es posible dilucidar el siguiente día.
A decir verdad pareciera que el tiempo se ha convertido en una materia grisácea y densa que no quiere terminar nunca, que todo inunda de manera infalible, un segundo retoma dimensiones y conforma el tiempo dentro del tiempo mismo, un segundo contiene milenios y aún infinitos en sí mismo, los días, eternidad de eternidades, nos hacen actuar de una manera diferente, nos enloquecen a un grado por completo inefable.
El espacio, tu espacio, o el vacío que en él creaste sobrepasa formas, palabras, sonidos, ideas, pensamientos, vidas; ese mismo vacío es abrasante, indecible, cada pequeña, (por mas minúscula que sea) cantidad del aire que inhalamos es insoportable, casi veneno dentro de nosotros, tu vacío nos engulle violentamente oprimiendo el menor intento de ser felices.
Estoy deseando en cada una de los millones de pensamientos diarios saber, buscar y dar con el lugar en el que te has recluido ¿dónde estás y por qué no nos has permitido seguirte hasta ahí?
¿Qué decisión, por quién tomada nos ha prendido en descuido y nos ha traído hasta este paraje lúgubre e incierto?
Desde que comenzó tu ausencia nada ha amainado y nunca amainará la desesperación, el llanto, la impotencia; por favor, te estoy suplicando, te imploro que no nos abandones.

lunes, 11 de junio de 2012

De esperas.


El reloj marca las 10:00 pm, una joven pareja discute porque la bella dependiente de la línea de autobuses les acaba de informar que no hay boletos disponibles, la misma  bella dependiente que ahora los observa pelear. Ya otra pareja no tan joven discute por algo similar –no sabes qué calle es, no sabes si son una cuadra o dos ¡y a estas horas! ¿hay un árbol en la fachada? ¿de qué color es el portón? ¡¿por qué no te fijaste antes de venir a comprar el boleto?!
Un señor pasa limpiando el piso mientras ve a unos y otros, otras tantas personas se distraen  pensando cada cual cuánto ha de esperar y en tanto la bella dependiente informa a viajeros que siguen llegando que tendrán que esperar una hora y media, dos horas, ya no hay salidas…
Llega otra pareja, ésta no viene enfadada y aceptan tranquilamente la espera; una mujer embarazada con un gesto de incomodidad; un niño pregunta con la curiosidad natural y la madre inteligentemente evade la respuesta para no desesperarlo con el tiempo que él aún no sabrá medir; otros más preguntan en otras líneas y regresan con la bella dependiente que les avisará que ahora saldrán media hora más tarde. Un tipo espera con boleto en mano viéndolos a todos y escribiendo en una hoja en blanco: El reloj marca las 10:00 pm…

sábado, 26 de mayo de 2012

Bola de nieve.

Hace algunos meses desperté con un sentimiento extraño, aún no sé cómo expresar de forma concreta ese sentimiento, fue como una presencia no física, una idea específica, era como presentir a una persona que no estaba ahí. Esa mañana desperté pensando en Rosa.
Rosa es una señora que en marzo pasado cumplió 29 años sin probar gota de alcohol. ¿Por qué despertar sintiendo la presencia de Rosa? Rosa es, en mis recuerdos de infancia, una señora con una voz potente y ronca con el acento característico de Torreón, Coahuila. En la casa de Rosa me hice (me hizo mi hermano) la cicatriz que tengo arriba del labio superior. En la casa de Rosa siempre había pájaros enjaulados y siempre olía a alpiste.
Mi percepción de Rosa ha cambiado, como han cambiado muchas cosas por la perspectiva que dan algunos años, las pocas veces que la veo siento un gusto indecible, cuando la escucho hablar me siento feliz, cuando está en la tribuna de alcohólicos anónimos no puedo evitar llorar.
Este documento no es uno para difundir el programa de Alcohólicos Anónimos ni mucho menos pero debo hablar sobre ello para que se pueda entender un poco mejor lo que trato de contar. El alcoholismo es una enfermedad crónica, progresiva y mortal, mi padre es un enfermo alcohólico aún cuando tiene 18 años sobrio y será un enfermo alcohólico hasta el día de su muerte. A causa de la enfermedad de mi padre mi familia se "mudó" a vivir a la ciudad de Torreón cuando yo tenía a penas 4 años es decir que mi hermana Bertha tenía 1, Eloy 8 y Chava 7; escribo "mudó" así, entre comillas, porque en realidad sólo hicimos el viaje, no contábamos con muebles ni casa, no teníamos siquiera un peso en la bolsa, habíamos viajado únicamente con la ropa que llevábamos puesta. Rosa nos recibió en su casa sin conocernos, a una familia de 6 personas, la familia de un borracho que lo más probable era que le pagara el gesto con el olvido, personas que era casi seguro que no volvería a ver en su vida.
Rosa asistió, 17 años después, a las bodas de mis hermanos mayores, la más reciente en diciembre, está encorvada y casi no escucha, pero sigue hablando igual y yo siento un profundo agradecimiento cada que la recuerdo.
La acción no es tanto lo que me llama la atención sino el adjetivo que se le puede dar, ella nos recibió desinteresadamente en su casa, así, sin esperar absolutamente nada a cambio, por nada. Aún hoy en la organización de Alcohólicos Anónimos no conozco a alguien que haya hecho lo mismo (ni siquiera a los que más respeto, ni siquiera mi padre) ni de lejos. Lo pienso y lo sigo pensando y no entiendo esa acción, no puedo comprender lo que pasaba por la cabeza de esa mujer en ese momento, hay cosas que escapan a la razón, a la mía por lo menos. Rosa no podría saber que yo asistiría a su 29° aniversario de sobriedad o que ella asistiría a las ya mencionadas bodas, Rosa no podría saber que el origen de mi fe está en su persona, que yo la admiraría como lo hago, que yo le estaría escribiendo esto tantos años después, que una parte importante de lo que soy se debe a ese gesto.
Todo esto me hace pensar que la vida se trata de decir que sí, porque uno no sabe todo lo bueno que ese sí provocará 17 años después.

domingo, 15 de enero de 2012

Una raíz podrida.

Vivimos en un país que ha tocado fondo. Desde que tengo uso de razón me ha parecido ridícula la idea de nacionalismo, me ha parecido siempre una especie de racismo querer únicamente a la gente que nació en un territorio determinado por cuestiones de azar unas cuantas  veces y por el capricho de los hombres muchas más. Sin embargo he nacido en un territorio bellísimo cuyos recursos naturales están a la par de la indiferencia y mediocridad de su gente: parecen no tener fin. La clase política se burla abiertamente de la pobreza en que tienen a la mitad del país, el presidente manda construir un monumento que es prueba de ello y aún hay quien lo festeja, los legisladores hacen lo mismo porque su palacio anterior ya no les gusta, la iglesia católica acepta una plaza de un hombre que según su profeta mayor no puede alcanzar la salvación por acumular una ya nauseabunda cantidad de bienes materiales, los gobernantes aceptan sin tapujos haber robado miles de millones de pesos, el candidato con mayor aspiración a ser presidente es un ignorante, las personas destinadas a cuidarnos nos roban, secuestran, extorsionan y matan, el narcotráfico llega a niveles casi de risa loca afirmando que ellos son buenos porque asesinan solamente a aquellos que lo merecen. Unos cuantos organizan protestas estériles y la mayoría nada, se quejan de su gobierno mientras ven "Laura de México" y leen a Carlos Cuahutémoc Sánchez (eso si leen) y van a palenques donde el "artista" se droga en el escenario y compran droga y se endeudan con bancos que prácticamente roban y practican abortos porque es lo más fácil y les vale olímpicamente verga que las personas que no se meten con nadie, que cultivan los alimentos que se llevan a la boca, que son los únicos realmente honrados en este bendito territorio lleno de gente mierda, se estén suicidando por hambre. Suicidarse por hambre: el concepto no sólo es para dar terror o llorar, es para darse estúpidamente cuenta que este país ya no tiene remedio, se va a ahogar en su propia sangre. Los que alientan, los optimistas, son aquellos que llevan el látigo, son tirados por unos bueyes que nunca se cansan, que no tienen el mínimo sentido de supervivencia y que algún día, sin darse cuenta, morirán.
No hay que engañarse, lo mejor es irnos en cuanto podamos, abandonar las ruinas (que para colmo están en llamas) de un lugar que ya no tiene salvación.