Un blasfemo tiene derecho a serlo porque no lastima a nadie, hiere siempre el ego y los intereses de personas que se dicen espirituales sólo para aprovecharse de los que de verdad sienten fe. Existe una diferencia sustancial entre los blasfemos de hoy y los que lo fueron cuando existía la inquisición, porque cuando existían instituciones encargadas de "castigar" las herejías, una blasfemia resultaba un deseo de libre expresión, un grito que era apagado con la muerte. Habrá que imaginar el resentimiento que se genera cuando un ser querido es torturado y asesinado por el simple hecho de declarar abiertamente que no está de acuerdo con la forma de expresión de la fe de una comunidad, un resentimiento que lleva igualmente a renegar de lo que se suponen creencias absurdas; una blasfemia era entonces una declaración sincera de ira en contra de Dios.
Un blasfemo actual se ganó su derecho a blasfemar, sin saberlo, en las hogueras del santo oficio y de igual forma sin saber, lo desperdicia en declaraciones de mal gusto sólo para molestar a algún creyente tanto o más ignorante que él mismo.
Se agradece, en fin, porque hacer pensar es más difícil que hacer enojar y yo ya empecé a componer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario