"Era la media noche y allá afuera el ruido del agua apagaba todos los sonidos."
Son las 18:43, empecé a leer a las 12:54 y únicamente paré para comer, lo cual me recuerda inevitablemente la idea de Javier Raya sobre los lectores que no alcanzan a digerir lo leído por seguir leyendo, la pregunta es ¿de qué sirve leer un libro de sonetos en un día? es claro que no tiene sentido pero también recuerda que mucho depende de la disposición individual de lectura. Regreso a la secundaria, cuando para un concurso de declamación decido escoger el poema veinte de Neruda y recuerdo, después de muchísimo tiempo, a la ex novia a la que un día "amenacé" en broma con dedicarle tal composición, obviamente sin tener idea sobre la poesía en general.
Ya había comenzado a leer el libro con el que me entretengo ahora, lo dejé porque inevitablemente me había quedado sin tiempo para terminarlo, por lo que no me parece mala idea retomarlo desde el principio y llegar, de una vez, hasta el fin.
Otra vez la idea que no sé si es de José Emilio Pacheco sobre que la lectura genera lenguaje, pero me produce una duda que empieza ya a comprometer la continuidad de mi lectura: si la lectura genera lenguaje entonces un escritor se ha ido apropiando del terreno de otro irremediablemente desde el invento de la lengua escrita, y entonces ¿de dónde surgió la idea original? Ya en este punto es imposible no recordar La escritura del dios de Borges...
Regreso al libro y continuo leyendo porque lo tengo que terminar hoy.
"Susana San Juan se levantó despacio. Enderezó el cuerpo lentamente y se alejó de la cama."
martes, 27 de diciembre de 2011
martes, 20 de diciembre de 2011
Nadie me lee
El pasado 12 de diciembre vi como la virgen de Guadalupe era blanco de innumerables burlas en twitter, cosa que mi creyente interior resintió a tal grado de querer componer un Ave María (del cual ya tengo un compás) como para demostrar que creer en algo no te hace una persona de menor intelecto. En el ejercicio de idear la antes mencionada pieza musical di con ciertas ideas que me confirmaron que, a fin de cuentas, la diversidad de pensamiento es lo que hace de la humanidad una especie soportable.
Un blasfemo tiene derecho a serlo porque no lastima a nadie, hiere siempre el ego y los intereses de personas que se dicen espirituales sólo para aprovecharse de los que de verdad sienten fe. Existe una diferencia sustancial entre los blasfemos de hoy y los que lo fueron cuando existía la inquisición, porque cuando existían instituciones encargadas de "castigar" las herejías, una blasfemia resultaba un deseo de libre expresión, un grito que era apagado con la muerte. Habrá que imaginar el resentimiento que se genera cuando un ser querido es torturado y asesinado por el simple hecho de declarar abiertamente que no está de acuerdo con la forma de expresión de la fe de una comunidad, un resentimiento que lleva igualmente a renegar de lo que se suponen creencias absurdas; una blasfemia era entonces una declaración sincera de ira en contra de Dios.
Un blasfemo actual se ganó su derecho a blasfemar, sin saberlo, en las hogueras del santo oficio y de igual forma sin saber, lo desperdicia en declaraciones de mal gusto sólo para molestar a algún creyente tanto o más ignorante que él mismo.
Se agradece, en fin, porque hacer pensar es más difícil que hacer enojar y yo ya empecé a componer.
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