Me han invitado felizmente a elaborar una lista de diez libros que hayan marcado mi vida y mientras recuento me doy cuenta de que me hubiera gustado más que solo fueran tres, sin embargo llego hasta aquí a la edad de veinticuatro años sabiendo que aún mi carrera de lector es corta y me tuve que exprimir los sesos para completar el listado. Ahí les va:
1. A orillas del río piedra me senté y lloré. Paulo Coelho.
Me impresionó y me voy a justificar diciendo que a los trece años era un lector muy impresionable.
2. Azteca. Gary Jennings.
Me impresionó la narración de una vida entera y me encantó la descripción del orden entero del imperio mexica que, aunque ahora sé que no son muy exactos, sirvieron para despertar mi curiosidad por el mundo prehispánico.
3. Harry Potter. J. K. Rowling.
Generación Harry Potter, no hay mucho que agregar.
4. Crimen y castigo. Dostoievski.
Me cayó el veinte de que, más que al mal, la naturaleza humana tiende al prueba y error.
5. El fin de la eternidad. Isaac Asimov.
Primer contacto con la ciencia ficción, de verdad me gusta ese libro.
6. La guerra del fin del mundo. Mario Vargas Llosa.
Una comunidad de desposeídos que se ayudan entre sí, deben estar locos. Ay capitalismo!
7. Final del juego. Julio Cortázar.
Cuentos cortos, el primero te hiela la sangre y el último te conmueve casi hasta las lágrimas.
8. Del amor y otros demonios. Gabriel García Márquez.
Debe ser el autor que más he leído en la vida pero este sigue siendo el que más me ha gustado, debe ser por aquello de las primeras impresiones.
9. Diálogos. Platón.
Últimamente ya no sabemos si Sócrates fue o no fue, pero mientras son peras o son manzanas debo decir que su método cambió mi forma de relacionarme con la información que recibía de mi entorno. Una lección que nunca voy a olvidar es que quien teme a la muerte necesariamente presume saber algo que no sabe..
10. El Aleph. Jorge Luis Borges.
Pongo El aleph y podría poner Ficciones o El libro de arena, o solo decir que cuentos como El jardín de los senderos que se bifurcan, El inmortal, Funes el memorioso, La casa de Asterión, El milagro secreto o Tlön, uqbar, orbis tertius tienen más tema que algunas novelas gigantescas y terriblemente aburridas.
viernes, 5 de septiembre de 2014
viernes, 30 de mayo de 2014
Vacío
Siempre existirá un temor a la página en blanco, porque siempre habrá un momento en el que no haya algo interesante que contar. Por eso ella se mecía el cabello con desesperación y usaba el lápiz como baqueta contra la hoja insistiendo al inconsciente para que le ayudara con una línea, para que alguna palabra se escribiera sola y así poder ir tirando de las letras hasta desmadejar una historia completa. Nada, a veces no hay súplica que valga y la hoja se queda como en un principio y el escritor la siente como un espejo, un espejo mudo por supuesto. Pero esta vez el vacío provocó un trance nuevo que la sometió antes de dormir y la dejó en un estado de media vigilia, de medio soñar en el que el papel en blanco no le pareció tan malo como otras noches porque imaginó que una idea se desprendía de la nada, imaginó (¿o soñó?) una idea desarraigándose del papel, una hoja que escupía la tinta hasta quedar inmaculada. Todas las letras iban a parar a su cerebro donde danzaban un rato en forma de espiral hasta que éste las absorbía como papel a la tinta fresca y llenaban pequeños surcos como caminos, como vetas de algún mineral en la tierra, como el agua llena los pequeños laberintos de la superficie de las palmas de las manos. Como no sabía muy bien si estaba soñando no tuvo el instinto de buscar papel y se arriesgó a que las ideas se perdieran como cardúmenes en el mar que es la memoria, pero no lo hicieron porque a veces el inconsciente nos juega para bien y esa noche se erigió en red que mantuvo a las ideas claras, frescas e indivisibles.
Hay hombres que se vuelven interesantes no porque tengan algo para contar sino porque cada cosa que les pasa, aunque a la vista de la mayoría sea insignificante, a ellos les evoca algo. Ellos no le tienen miedo a la hoja en blanco porque más que contar, parecen cantar (tan bonita la similitud de los verbos) las historias, más que literatura parece que hacen música, cada letra una nota y van construyendo melodías como quien levanta castillos y resquebrajan la gravedad dejando esplendorosas construcciones momentáneas en el aire hasta que un ligero soplo del viento las desvanece, hasta que el giro de la esfera terrestre las desperdiga. Son unos viejillos con vocación de medievales trovadores galos pero acaso no tengan ya nada épico que contar, sino cosas cotidianas, descriptores de la vida común a la que le borran con violencia la rutina.
Suena ridículo conocer a uno de ellos en un lugar común como sentado en la banca del parque dando de comer a las palomas pero así fue, se fue a sentar ahí a ver qué tenía para contar el señor y fue decir buenosdíascómoleva y ver el mundo desde otro eje, inclinar la cabeza 45° y saber que lo que siempre está ahí tiene un plano desde el que resulta más interesante quedarse a mirar. El viejo le dijo que las palomas rara vez se posaban en los árboles tal vez porque no se sentían dignas de las demás aves, que aunque los árboles eran vegetales parecían seres de un solo pie que extendían sus múltiples brazos en busca del sol, que los árboles no siempre mueren de pie, que los hay que no pueden con el peso de todos sus años y buscan besar la tierra en un viaje lento pero contundente hasta que yacen ahí tirados y, muertos, son placenta de las semillas que tienen por vientre a la tierra y que el primer asomo de un tallo, de una hoja, es un alumbramiento, que cada árbol que nace es la tierra desgarrándose para dar a luz a un nuevo productor de oxígeno, que las plantas no producen oxígeno, lo desechan, que la basura de la clorofila es lo que nos mantiene vivos a nosotros que a veces de lo único que somos capaces es producir amarguras, que ningún otro animal desperdicia energía en rencores porque siempre resulta más efectivo usarla para seguir viviendo, que estamos ligados a todo en formas que no nos es dado conocer porque somos una insignificancia en el universo pero que es un error no maravillarse con cada insignificante detalle que pasa aunque sea el leve vaivén de la hoja que cae porque esa hoja bailando hacia la tierra es una alegoría de un planeta que se mueve alrededor de una estrella, de una estrella que se rinde girando en una galaxia, que el cosmos gastó por lo menos quince mil millones de años para que nosotros no gastáramos uno de sus latidos creyendo que todo es pasajero y que la rutina puede más que todas las maravillas que a diario obviamos de camino al trabajo.
Y eso es lo que piensa uno de los señores que da de comer a las palomas en la banca de algún parque.
La hoja ya no estaba en blanco, vio con incredulidad que ese espacio de dos dimensiones de forma rectangular era capaz de contener con alegría algo mucho más grande. Ya no se meció el cabello, ya no percutió con el lápiz, buscó la cama y sus cabellos ocuparon la almohada como serpientes, entró al sueño de los que ya no le temen al vacío.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Esto es un post más.
He sospechado alguna vez que la
única cosa sin misterio es la felicidad,
porque se justifica por sí sola.
JLB
No es mi intención, querido lector, aburrirlo con lecciones trilladas sobre el verdadero significado de la navidad, significado que hay que decir es relativo a las creencias individuales. En realidad le escribo esto desde mi cama, luego de haber disfrutado una exquisita cena y su posterior conversación con la familia, en la esperanza de que pueda usted por lo menos entender la mitad de la satisfacción y plenitud que en este momento siento.
No me gusta estarme preguntando por la justificación de mi existencia, mi propósito en esta vida, porque una de las tantas cosas que aprendí este año es que aquello que necesita de una justificación esta implícitamente muerto y yo estoy más vivo que cualquier razón que conozca. Masticaba tal tema durante la cena y entendí que siento felicidad en mi corazón cristiano por el nacimiento de Jesús y que en este momento no es necesaria la música estruendosa, la excesiva compañía, las copas de más ni los malentendidos familiares porque de esos hay todo el año, lo importante es estar platicando con mis papás y mi hermana porque eso no se da todos los días. Y de repente lo entendí, vino a mí y lo asimilé felizmente. Estas cenas y pláticas ocurren regularmente en mi familia, la cena de esta noche fue una repetición de tantas otras en el año que disfruté igual. No siento tristeza por compartir solamente con ellos, por no embriagarme, por no desvelarme o amanecerme porque de eso no se trata la navidad, de eso no se tratan las verdaderas cenas en familia. Todo lo que aprendí durante el año me hizo entender que tener una navidad como ésta con mi familia a estas alturas de mi vida es un hecho casi milagroso y que eso no necesita de justificaciones.
A los ateos nada más les quiero decir que la navidad les da un motivo para abrazar a las personas que quieren y que ya por eso no puede ser nada malo.
Bendiciones.
lunes, 18 de febrero de 2013
Enredado.
Ayer intenté publicar esto http://pijamasurf.com/2010/09/6-buenas-razones-para-no-estar-en-facebook/comment-page-3/#comment-561775 en facebook. Se cerró mi cuenta automáticamente y al querer iniciar sesión de nuevo me apareció un aviso de que mi pc estaba infectada con software malicioso supuestamente porque había accedido a páginas que me ofrecían ver quién visitaba mi perfil o cambiar el color del mismo.
He visto links con información semejante a la que yo intentaba publicar (que no es más que los términos y condiciones para poder abrir una cuenta de facebook) y en ningún caso había habido problemas.
Son pocos los que leen todos los términos antes de abrir una cuenta en facebook, pero en resumen se trata de que toda la información subida le pertenecerá a perpetuidad al sitio, aún el que caso de que la canceles.
Una persona promedio en facebook no tiene en sus manos información realmente importante o que en determinado momento le pueda generar utilidades y facebook siendo dueño de ella se la pueda disputar. Yo nunca tuve miedo de ello, porque sé el valor real de mi información y si tuviera en mis manos alguna de más valor potencial, pues no la expondría de buenas a primeras en una red social.
Ayer estaba casi seguro de cancelar mi cuenta pero estoy dudando de hacerlo, la practicidad con la que se comparte información es algo que no ofrece ningún otro sitio, pero hay que preguntarse si el manejo de tu información es precio justo a pagar.
Al día de hoy cuento con un domicilio, teléfono en casa, dos líneas de móvil, cuentas de correo electrónico en hotmail y gmail, twitter, whatsapp, viber, zello, line, skype, msn, blog en blogger, google+ y hasta hi5 y metroflog. Supongo que si alguien me busca, sabrá dónde encotrarme.
He visto links con información semejante a la que yo intentaba publicar (que no es más que los términos y condiciones para poder abrir una cuenta de facebook) y en ningún caso había habido problemas.
Son pocos los que leen todos los términos antes de abrir una cuenta en facebook, pero en resumen se trata de que toda la información subida le pertenecerá a perpetuidad al sitio, aún el que caso de que la canceles.
Una persona promedio en facebook no tiene en sus manos información realmente importante o que en determinado momento le pueda generar utilidades y facebook siendo dueño de ella se la pueda disputar. Yo nunca tuve miedo de ello, porque sé el valor real de mi información y si tuviera en mis manos alguna de más valor potencial, pues no la expondría de buenas a primeras en una red social.
Ayer estaba casi seguro de cancelar mi cuenta pero estoy dudando de hacerlo, la practicidad con la que se comparte información es algo que no ofrece ningún otro sitio, pero hay que preguntarse si el manejo de tu información es precio justo a pagar.
Al día de hoy cuento con un domicilio, teléfono en casa, dos líneas de móvil, cuentas de correo electrónico en hotmail y gmail, twitter, whatsapp, viber, zello, line, skype, msn, blog en blogger, google+ y hasta hi5 y metroflog. Supongo que si alguien me busca, sabrá dónde encotrarme.
domingo, 9 de diciembre de 2012
¿Lamentar qué?
Teletón, Juan Manuel Márquez y Jenni Rivera. Bastante información en México para un solo fin de semana, ríos de opiniones sobre temas, unos carentes de valor y otros llenos de morbo.
Ya muchos mexicanos sabemos la tranzota que existe detrás del teletón y hay una cantidad infame de valoraciones sobre el proyecto. Aún existen quienes creen ciegamente que el dueño de la empresa de medios más grande de la América de habla hispana es un angelote y que habrá que canonizarlo cuando muera (¡Dios no permitas que se nos muera San Emilio!) y hay también quien no puede escuchar ni mentar a televisa, azotados a cual más. Existen historias verdaderas de recuperación de niños con discapacidades (discapacidad sí, nada de eufemismos) detrás de toda la lana que se han clavado y ahorrado en impuestos las empresas participantes, pero siempre habrá que recordar que esa recuperación es un derecho y es una obligación del estado, no hay que mendigársela a nadie y mucho menos estar aguantando a la babosa de Lucerito un año más de llanto fingidote. Y aún más tener que tragarse que un tercio de los donativos van de fondos públicos, FaustoVallejoHijodePuta dejando que crezcan los problemas en la UMSNH porque no hay dinero para pagar a maestros y donando 27 millones que ni le pertenecen. El Teletón va más allá de lo maquiavélico, de eso no tengan duda, Emilio Azcárraga Jean heredó de su padre toda la filosofía televisa y eso nunca va a cambiar.
Juan Manuel Márquez es un boxeador fuera de serie y no lo digo porque sepa del deporte, yo solo conozco de deportistas y me remito inmediatamente a Manuel "el Macho" Camacho que fue hace poco asesinado por quién sabe qué problemas con las drogas; luego pienso en uno de sus más grandes rivales en el ring, Julio César Chávez que nada más hay que escucharlo a hablar para saber que no fueron los golpes los que lo dejaron así. Dos de miles de ejemplos posibles y Juanma no es ni de cerca como ellos, sobresale dentro y fuera del ring, dentro, por cosas que en su mayoría ignoro cómo explicar y fuera por asuntos políticos. Ya en la pasada pelea había exhibido un escudo del PRI en su calzoncillo en plena veda electoral y ahora sin empacho le dedica el triunfo (que no, la pelea no estaba vendida, te digo que no, deja esa pinche paranoia) al flamante enrique peña nieto, no le bastó al muy cabrón la bolsa por ganar la pelea. Lo que quiero establecer es que no importa la tendencia política si es un boxeador del tamaño que es (de eso quiero hablar también sobre Jenni Rivera) porque no tiene nada que ver la política con el deporte aunque así se le quiera ligar. Una cosa es la persona y aunque suene raro, otra es el deportista, para ejemplo basta el ignorante de Hugo Sánchez.
Jenni Rivera murió y yo no lo lamento. Es un pérdida fuerte para una familia, una muerte siempre es una experiencia difícil de atravesar, ojalá que sus familiares encuentren consuelo. Es a lo que llego, me identifico con los familiares y nada más. Hablando de su "música" esa mujer era una de tantas cabezas de una deformación y decadencia cultural muy grave en México, hacía en su mayoría apologías (siempre un grado más allá de lo vulgar y del mal gusto) de la infidelidad, cosa que a en lo particular me basta para aborrecer su quehacer. Expuestos como estamos a este bombardeo mediático me fue imposible no enterarme de lo que hacía en el escenario, bañar en cerveza a quien pagó por verla o golpear a alguien con la estúpida razón de que no se iba a dejar de nadie y luego ver que existe quien babeaba por esa actitud y la exaltaba diciendo que era una señorona. Esa mujer hacía música basura, de la que nadie se va a acordar dentro de 100 años, vil música del capitalismo y era un ser humano que llegaba casi a lo despreciable, vulgar como pocas, no había en su conducta ni música algo de ejemplar. Que esté ahora muerta no cambia nada de lo que era.
jueves, 12 de julio de 2012
El río.
Cierto día hace no mucho tiempo un viejo me contó una
historia sobre dos amantes.
Se acercó cuando me senté a descansar en una piedra cerca
del río y ya desde que lo vi de reojo supe que (quién sabe cómo) había
adivinado lo que estaba yo pensando. Caminaba lento y encorvado el señor y lo
hacía con una convicción de otros tiempos, sin bastón, como esperando que yo no
lo esperara y lo dejara ahí, sin decir palabra. Lo esperé porque me recordó a
mi abuelo que siempre tuvo una historia para contar, pero pocas veces tuvo a un
nieto dispuesto a escuchar, por eso y porque ya el esfuerzo que estaba haciendo
me venía pareciendo excesivo.
Estaba pensando que el lugar que elegí para descansar era
cuestión de azar, una piedra de tantas en el mismo río que caminé tantas veces
en la infancia. Siendo el lugar bello como era, resultaba lo mismo sentarse sobre
una almohada de hojas o de musgo o treparse a un árbol o meter los pies al agua
despacito para sentir que la vida valía la pena. Caí en la cuenta que no, mi
cuerpo cansado eligió el lugar pero no tuvo la decencia de consultarme antes.
Así las cosas.
—Parece que está tratando de decir algo ¿no?
—Siempre parece— le dije —no he conocido río que no murmure.
—Será que cada uno tiene algo distinto que contar.
—Será eso. Pero nunca he sabido de alguien que haya
platicado con un río, nomás se quedan ahí esperando que brinque una palabra
como brincan los salmones remontando.
—Son pocos los que vienen, menos los que escuchan.
—Siendo así, cuénteme pues.
Él salió de su casa temprano y sin embargo cuando llegó ella
ya estaba ahí, tirada a la sombra de un árbol, con el cabello castaño perdido
entre las hojas, boca arriba viendo el cielo de cierta manera que parecía que
sus ojos eran azules. Dicen que ella veía las cosas así, de forma que cuando tú
las veías después ya eran diferentes. Dicen que él le extendió la mano y ella
la tomó, se levantó, pero ya no la soltó. Iban a jugar y él propuso el juego:
había que cerrar los ojos y caminar por la orilla del río y que el murmullo de
este los fuera guiando hasta su hogar. Hubo quien los vio dando trompicones
mientras reían y hubo a quien le pareció
un juego absurdo y hasta peligroso.
Cuando cayó la tarde ya nadie sabía en dónde estaban. Los
buscaron ya sin esperanza y sin esperanza dejaron de buscar, sin encontrar algo.
Se los habrá llevado el río creyeron. Yo entonces era un niño y hasta ahora me
pareció absurdo que a nadie se la haya ocurrido hacer lo mismo que ellos,
seguir ciegamente el murmullo del río.
—¿Nunca los encontraron? — le pregunté.
—Nunca.
—Es una pena, —respondí francamente desolado —era una gran
idea para averiguar lo que dice el río.
—¡Ay hijo! No lo entendiste.
Y se alejó lentamente con una sonrisa leve, así como había
llegado. No lo quise detener, porque hay cosas que uno no está preparado para
saber, preferí quedarme ahí sentado pensando en lo que no había entendido.
Cuando cayó la tarde y la humedad me despertó,
la idea me tomó por sorpresa y no pude más que alejarme lentamente con una
sonrisa en el rostro. Lo que este río murmura es un camino de regreso a tu
hogar.
miércoles, 13 de junio de 2012
Sin remitente.
Antes de dirigirte cualquier otra palabra, me parece que hay que decirte que indiscutiblemente y sin mayores rodeos, todo el mundo te extraña, no hemos encontrado aún ahora una manera que resulte por completo efectiva para remediar el sentimiento de vacío que has dejado, vacío que con el tiempo sólo logra expandirse. Pero no por eso nos ha abandonado la esperanza de que te encuentres bien sin importar el lugar que hayas elegido para asegurarte un buen descanso.
Te puedo contar que sin importar que la luz del sol haya conseguido iluminarnos, que el rocío de la noche haya alegrado al verde de las plantas, que nos encontremos reunidos recordándote, que las mañanas sean blancas y las noches serenas, que el azul del cielo se haya vuelto insoportable de tan vívido, todo, sin excepción alguna parece haber tomado un tono impredecible e inconstante, donde el orden nos ha fallado y el caos supera cualquier cosa establecida. El tiempo se convulsiona en su letargo y el espacio adquiere una intrascendencia irreparable, a tal punto que ya no nos es posible dilucidar el siguiente día.
A decir verdad pareciera que el tiempo se ha convertido en una materia grisácea y densa que no quiere terminar nunca, que todo inunda de manera infalible, un segundo retoma dimensiones y conforma el tiempo dentro del tiempo mismo, un segundo contiene milenios y aún infinitos en sí mismo, los días, eternidad de eternidades, nos hacen actuar de una manera diferente, nos enloquecen a un grado por completo inefable.
El espacio, tu espacio, o el vacío que en él creaste sobrepasa formas, palabras, sonidos, ideas, pensamientos, vidas; ese mismo vacío es abrasante, indecible, cada pequeña, (por mas minúscula que sea) cantidad del aire que inhalamos es insoportable, casi veneno dentro de nosotros, tu vacío nos engulle violentamente oprimiendo el menor intento de ser felices.
Estoy deseando en cada una de los millones de pensamientos diarios saber, buscar y dar con el lugar en el que te has recluido ¿dónde estás y por qué no nos has permitido seguirte hasta ahí?
¿Qué decisión, por quién tomada nos ha prendido en descuido y nos ha traído hasta este paraje lúgubre e incierto?
Desde que comenzó tu ausencia nada ha amainado y nunca amainará la desesperación, el llanto, la impotencia; por favor, te estoy suplicando, te imploro que no nos abandones.
Te puedo contar que sin importar que la luz del sol haya conseguido iluminarnos, que el rocío de la noche haya alegrado al verde de las plantas, que nos encontremos reunidos recordándote, que las mañanas sean blancas y las noches serenas, que el azul del cielo se haya vuelto insoportable de tan vívido, todo, sin excepción alguna parece haber tomado un tono impredecible e inconstante, donde el orden nos ha fallado y el caos supera cualquier cosa establecida. El tiempo se convulsiona en su letargo y el espacio adquiere una intrascendencia irreparable, a tal punto que ya no nos es posible dilucidar el siguiente día.
A decir verdad pareciera que el tiempo se ha convertido en una materia grisácea y densa que no quiere terminar nunca, que todo inunda de manera infalible, un segundo retoma dimensiones y conforma el tiempo dentro del tiempo mismo, un segundo contiene milenios y aún infinitos en sí mismo, los días, eternidad de eternidades, nos hacen actuar de una manera diferente, nos enloquecen a un grado por completo inefable.
El espacio, tu espacio, o el vacío que en él creaste sobrepasa formas, palabras, sonidos, ideas, pensamientos, vidas; ese mismo vacío es abrasante, indecible, cada pequeña, (por mas minúscula que sea) cantidad del aire que inhalamos es insoportable, casi veneno dentro de nosotros, tu vacío nos engulle violentamente oprimiendo el menor intento de ser felices.
Estoy deseando en cada una de los millones de pensamientos diarios saber, buscar y dar con el lugar en el que te has recluido ¿dónde estás y por qué no nos has permitido seguirte hasta ahí?
¿Qué decisión, por quién tomada nos ha prendido en descuido y nos ha traído hasta este paraje lúgubre e incierto?
Desde que comenzó tu ausencia nada ha amainado y nunca amainará la desesperación, el llanto, la impotencia; por favor, te estoy suplicando, te imploro que no nos abandones.
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